La integración entre Europa y el Mercosur puede abrir nuevos mercados. Para que más empresas lideradas por mujeres puedan aprovecharlos, la perspectiva de género debe estar presente desde el diseño de las acciones de cooperación.

Un arancel que baja no beneficia a todas las empresas por igual. Para aprovechar una nueva oportunidad comercial hay que tener financiamiento, información, contactos y capacidad para cumplir con las exigencias del mercado de destino. También hace falta tiempo: para capacitarse, negociar, viajar y sostener una relación comercial.
El Acuerdo de Asociación UE–Mercosur puede facilitar el acceso a mercados y fortalecer los vínculos comerciales entre ambos bloques. Pero sus efectos sobre las mujeres empresarias dependerán de los sectores en los que trabajan, del tamaño de sus empresas y de los recursos que tengan para adaptarse.
Una empresa propiedad de mujer podría encontrar nuevos compradores, incorporarse como proveedora a una cadena de valor o acceder a insumos y tecnología que mejoren su producción. Estas oportunidades pueden alcanzar tanto a quienes exportan directamente como a quienes abastecen a otras empresas exportadoras. Pero, al mismo tiempo, una mayor apertura puede aumentar la competencia. El impacto, por tanto, no será uniforme. Una empresaria que necesita financiar su primer pedido internacional y combina la gestión del negocio con responsabilidades de cuidado, no se encuentra en el mismo punto de partida que el resto de empresas. Las barreras que ya existen pueden determinar quién aprovecha las nuevas oportunidades y quién queda al margen.
Por eso, incorporar la perspectiva de género significa mirar cómo funcionan las empresas y qué limita su crecimiento. Implica preguntarse quién accede al financiamiento, quién participa en las misiones comerciales, quién puede cumplir los requisitos para convertirse en proveedor y quién dispone de tiempo para asistir a una capacitación. También exige escuchar a las propias empresarias antes de diseñar las respuestas.
Desde Mujer Exportadora participamos en este proceso como parte del equipo de expertas para apoyar a la Dirección General de Asociaciones Internacionales de la Comisión Europea en la formulación de futuras acciones de cooperación vinculadas a la implementación del Acuerdo de Asociación UE–Mercosur, conocido como EMPA por sus siglas en inglés.
¿Qué significa este trabajo en la práctica? Antes de definir programas, presupuestos y actividades, es necesario comprender dónde están las oportunidades y qué obstáculos impiden aprovecharlas. Nuestro papel es aportar también la perspectiva de género y la experiencia de las empresas lideradas por mujeres a ese diagnóstico. El trabajo en terreno mediante misiones presenciales en Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina, los cuatro países del Mercosur comprendidos en el acuerdo, permite contrastar los documentos con la experiencia de quienes producen, exportan, financian y acompañan a las empresas.
Nuestro compromiso es que la dimensión de género sea un criterio de diseño de la cooperación. Que, al priorizar un sector o definir una asistencia técnica, se tenga en cuenta quién produce, quién es propietaria de las empresas y qué condiciones necesita para participar. Porque detrás de cada oportunidad comercial hay una empresaria que necesita condiciones concretas para hacerla realidad.
