Como bien se sabe, en el actual ambiente global de hipercompetitividad y terciarización solo sobrevivirán las empresas ágiles y capaces de manejar un entorno de constantes y vertiginosos cambios.
En esta feroz competitividad, los activos humanos pueden suponer el elemento diferencial para el éxito empresarial, ya que son los que, en último término, convierten a la innovación en una ventaja competitiva. Para ello, es imprescindible el uso del talento, entendido como la capacidad que las personas ponen en práctica para obtener resultados excepcionales de manera estable en el tiempo, unida al compromiso por la consecución de éstos.
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